Cuando era un atleta de 18 años, el Dr. Milton Trager descubrió por accidente que sus manos tenían un toque especial. Estaba simplemente dando un masaje a su entrenador de boxeo y su efecto hizo que el asombrado entrenador animara a Milton a dar a otros el mismo tratamiento. A partir de esa experiencia, Milton trató exitosamente a su padre de una ciática que lo afligía hacía rato y a otras personas que vinieron a él después de escuchar lo efectivo de sus “tratamientos.”
Durante 65 años Milton se dedicó a estudiar medicina y a desarrollar la forma de reeducar al cuerpo afectado por posturas, traumas, cirugía, poliomielitis o Parkinson, con excelentes resultados.
Hoy, el Trager se practica en todo el mundo; se conoce también como Integración Psico-física y se clasifica entre las terapias de reeducación neuromuscular.
Una sesión comienza con evaluación
Una sesión de Trager dura por lo general 60 a 90 minutos. Comienza con una entrevista detallada sobre el motivo de consulta, seguida por la evaluación del rango de movimiento, postura, fluidez del movimiento al caminar y balance.
La evaluación es a la vez terapéutica pues fuerza al paciente a hacerse más consciente de su cuerpo y de cómo éste funciona.
El terapeuta explora con el paciente distintas posturas, maneras de caminar y formas de mover el cuerpo, que hacen al sujeto aún más conciente de sus posibilidades.
El terapeuta sabe que el cerebro contiene “un mapa” donde están representadas todas las áreas del cuerpo y que el movimiento y el contacto físico son determinantes para mantener ese mapa actualizado. Por eso, la evaluación es a la vez tratamiento. La exploración de la limitación y de las posibilidades, constituye una especie de escaneo o monitoreo mediante el cual el sistema nervioso reincorpora fibras musculares inactivas y vías neuromusculares cerradas, mejorando casi inmediatamente la función.
Tratamiento en la mesa de masaje
Después el paciente se tiende en la camilla, donde el terapeuta continúa explorando el cuerpo parte por parte. No se utilizan aceites ni lociones y el paciente puede mantenerse vestido, si lo desea.
Con movimientos suaves, el terapeuta estimula los propioceptores que envían información del sistema osteomuscular al cerebro; mece al paciente, explora el rango de movimiento de cada articulación, comprime músculos tensos, juega con el efecto que la gravedad tiene sobre el cuerpo.
Se busca que el paciente experimente con los movimientos más suaves, más libres, más fáciles. Se evita causar molestias porque el recuerdo del dolor hace que se produzcan contracciones musculares limitantes.
Unos minutos después de comenzar la sesión, el paciente ya empieza a sentir el efecto que unos describen como cosquilleo en la parte del cuerpo que se está trabajando, o una liviandad, o una plenitud.
Al final de la sesión los pacientes sienten “más conectadas” las distintas partes de su cuerpo, además de estar profundamente relajados; muchos de los patrones restrictivos han desaparecido por lo menos temporalmente y el paciente sabe ahora que su cuerpo “no está tan mal” como creía. Esto lo anima a recordar ese estado de bienestar y a buscarlo activamente.
Se respeta la sabiduría del cuerpo
El terapeuta trabaja en un estado casi meditativo (“hook-up”), poniendo cuidadosa atención a las posibilidades de movimiento, explorando los patrones de restricción en las articulaciones, examinando las demarcaciones de esas restricciones.
Si la restricción no cede con la movilización, el terapeuta no insiste, aceptando que el cuerpo, en su sabiduría, está protegiendo un área que no ha terminado de reparar. Si la restricción cede, entonces el terapeuta introduce movimientos repetitivos que garanticen la apertura de vías de comunicación entre sistema nervioso y músculo que se han abierto por primera vez o se han restablecido.
Gimnasia mental para mantener lo alcanzado
Pero la sesión no termina allí. El terapeuta le muestra al paciente lo que puede continuar haciendo entre sesiones para generar nuevos hábitos de postura, movimiento y caminado que mantengan los logros de la sesión.
Este conjunto de ejercicios o movimientos que el terapeuta enseña al paciente se conocen como “Mentastics” o gimnasia mental, como la llamó Milton.
Por lo general, se requieren un mínimo de seis sesiones y la repetición diaria de los movimientos, para lograr un cambio permanente en los patrones que estaban causando dolor y restricción.
Los resultados son excelentes en la mayoría de casos y mucha gente logra evitar cirugías que parecían ineludibles con sólo unas cuantas sesiones.
El Trager es utilizado en la rehabilitación de personas con Parkinson, distrofia, esclerosis múltiple, hernias discales, ciática, desgarros del manguito rotador del hombro, lesiones de rodilla, síndrome del túnel carpiano y muchas otras lesiones neuromusculares.
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