![]() |
| Melinda Nagy |
Usualmente, no hago cosas por los demás esperando a cambio su agradecimiento, sin embargo no puedo evitar darme cuenta cuando no lo recibo. Cada vez que esto sucede, reflexiono sobre las posibles razones por las cuales esa persona no sintió o expresó su gratitud al recibir mi apoyo o favor. Mi conclusión casi siempre es la misma: 1. No podemos o debemos asumir la motivación en las acciones ajenas; 2. ¿Estaré siendo yo también mal agradecida con los demás o no expresando mi gratitud como debiera?
En un estudio a largo plazo desarrollado por la Universidad de California, el laboratorio del doctor Robert Emmons identificó la gratitud como el factor olvidado de la felicidad. Este estudio sobre la gratitud arrojó varios y muy interesantes resultados, pero quizá el que más me llamó la atención tiene que ver con el hecho de que las personas que son conscientes y llevan un record de las cosas por las cuales se sienten agradecidos, sufren menos de síntomas físicos, se sienten más satisfechos con sus vidas y tienen un índice de optimismo más elevado.
De igual manera, niños a quienes se les motivó a practicar ejercicios diarios de gratitud y que se sienten más agradecidos con la vida, tienen actitudes más optimistas acerca de la escuela y de sus familias.
En mi experiencia, las personas que son más conscientes de lo positivo en sus vidas, por poco que sea, manejan el estrés mucho mejor, tienen mejor salud y mantienen relaciones más armoniosas. Esto me ha llevado a desarrollar ciertos ejercicios que intento practicar a diario y que les comparto en un artículo sobre cómo desarrollar el hábito de ser agradececidos.
Como celebración del Día de Acción de Gracias, los invito a hacer esta lectura, practicar los ejercicios propuestos y a contarnos qué cambios perciben en sí mismos después de al menos un mes. Aproveche el Thanksgiving para empezar esta tradición y compartirla con los suyos.


Comentarios